Durante dos décadas la pregunta fue qué hace su empresa por la comunidad. Hoy los bancos, los reguladores y los clientes corporativos preguntan otra cosa: qué riesgos gestiona, qué impactos genera y con qué evidencia. Esta guía explica la diferencia entre RSE y sostenibilidad empresarial, y cómo pasar de una a la otra sin botar lo construido.
La responsabilidad social empresarial (RSE) fue durante años la puerta de entrada de las empresas latinoamericanas a la agenda social y ambiental. Programas de voluntariado, donaciones, alianzas con comunidades: casi toda empresa grande costarricense tiene algo de eso. La sostenibilidad empresarial parte de otra lógica: gestionar los riesgos, las oportunidades y los impactos ambientales y sociales como parte del negocio, con datos que un tercero pueda verificar. Este artículo explica de dónde viene cada concepto, en qué se diferencian y por qué esa diferencia define hoy decisiones de financiamiento y cumplimiento en Costa Rica.
El punto de partida académico es 1953, cuando el economista estadounidense Howard R. Bowen publicó Social Responsibilities of the Businessman, considerado el texto fundacional del campo. Bowen definió la responsabilidad social como la obligación de los empresarios de seguir políticas y tomar decisiones deseables según los objetivos y valores de la sociedad. Su libro anticipó incluso la idea de los grupos de interés: empleados, clientes, proveedores y comunidades afectadas por la actividad de la empresa.
Con las décadas, esa idea se tradujo en práctica corporativa de carácter voluntario: comités de RSE, memorias anuales, programas con comunidades. El hito normativo llegó en 2010 con la ISO 26000, una guía de responsabilidad social construida con el consenso de unos 90 países. Dos rasgos la retratan bien: es voluntaria y no es certificable. Orienta el comportamiento en siete materias (gobernanza, derechos humanos, prácticas laborales, medio ambiente, prácticas justas de operación, asuntos de consumidores y desarrollo de la comunidad), pero no impone requisitos verificables.
Ahí está el gen de la RSE: un compromiso ético que la empresa asume por decisión propia, dirigido sobre todo a la comunidad y a la reputación, y gestionado casi siempre desde comunicación o recursos humanos.
La sostenibilidad empresarial mira el mismo territorio con lentes de negocio: identifica qué temas ambientales, sociales y de gobernanza afectan la capacidad de la empresa de generar valor en el tiempo, y qué impactos genera la operación hacia afuera, para gestionarlos con metas, indicadores y verificación. Si el concepto le resulta nuevo, conviene leer primero qué es la sostenibilidad empresarial.
El giro tiene fecha y origen conocidos. En 2004, el Pacto Global de las Naciones Unidas publicó el informe Who Cares Wins, elaborado con una veintena de instituciones financieras internacionales. Ahí se acuñó el término ESG (ambiental, social y de gobernanza) y se planteó el argumento que cambió la conversación: integrar estos factores al análisis de inversiones tiene sentido financiero. El destinatario dejó de ser el gerente de comunicación y pasó a ser el analista de riesgo.
Dos décadas después, ese argumento se volvió norma contable. La IFRS Foundation creó el ISSB, que publicó las normas IFRS S1 e IFRS S2 (NIIF S1 y S2 en su traducción oficial) el 26 de junio de 2023: información de sostenibilidad con el mismo rigor y la misma audiencia que un estado financiero.
Seis contrastes resumen la distancia entre ambos enfoques:
La migración de una a otra no fue una moda: la empujaron los dueños del capital y los reguladores. En Costa Rica el punto de quiebre es regulatorio y tiene calendario: las entidades supervisadas por el CONASSIF y los grandes contribuyentes presentarán su primer informe bajo NIIF S1 y S2 en 2028, con los datos del cierre fiscal 2027, según el Acuerdo CONASSIF 6-18 en su versión 25, vigente desde el 8 de enero de 2026. Puede revisar quiénes están obligados en nuestra guía sobre empresas obligadas a NIIF S1 y S2 en Costa Rica.
La diferencia en una frase: la RSE respondía "¿qué hacemos por la sociedad?". La sostenibilidad responde además "¿qué le hacemos a la sociedad y qué nos hace el entorno al negocio?". Ese doble movimiento exige medición, y la medición exige sistema.
Entre "hacer cosas buenas" y "demostrar cambio" hay una distancia técnica concreta. Contar 500 voluntarios movilizados es medir una actividad. Demostrar que las personas atendidas mejoraron su empleabilidad, sus ingresos o su salud es medir un efecto. El vocabulario del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE ordena esa escalera (insumos, actividades, productos, efectos, impacto) y es el mismo estándar que usan agencias de cooperación y bancos de desarrollo.
Para una empresa, esto significa tres disciplinas que la RSE tradicional rara vez practicó: definir qué cambio promete cada programa, levantar una línea base antes de intervenir y medir contra ella con indicadores de efecto. Explicamos el método en medición de impacto social y su aplicación al mundo corporativo en cómo se mide la huella social empresarial.
El efecto práctico del calendario regulatorio va más allá de los obligados directos. Cuando un banco supervisado por el CONASSIF tenga que reportar bajo NIIF S1 y S2, va a necesitar información de su cadena de valor: proveedores, clientes de crédito, empresas participadas. Lo mismo aplica a los grandes contribuyentes con sus encadenamientos. Una pyme costarricense que hoy no está obligada puede recibir mañana un cuestionario de sostenibilidad como requisito para seguir siendo proveedora.
En ese contexto, el programa de voluntariado no desaparece; cambia su estatus. Deja de ser la pieza central de la narrativa y pasa a ser una iniciativa dentro de una gestión con temas materiales, metas e indicadores. La empresa que dona computadoras a una escuela deberá poder responder, con datos, qué cambió en esa escuela. Así lo hemos visto en organizaciones que ya recorren este camino: la exigencia externa termina ordenando la gestión interna.
La buena noticia: nada de lo construido se bota. La trayectoria con comunidades, la credibilidad y los programas existentes son activos. Lo que cambia es el sistema alrededor. La ruta que recomendamos:
Ese recorrido es exactamente lo que estructura nuestro enfoque de Huella Social Empresarial: convertir los programas sociales de la empresa en una huella medida, con indicadores y evidencia lista para reporte. Y si el tema apenas aterriza en su junta directiva, el resto de nuestros servicios cubre desde la materialidad hasta la divulgación NIIF S1/S2.
¿La responsabilidad social empresarial desapareció?
No. Sus prácticas siguen vivas: voluntariado, donaciones, alianzas con comunidades. Lo que cambió es el marco: hoy esas iniciativas se integran a una gestión de sostenibilidad con materialidad, indicadores y verificación. Lo que perdió vigencia es la RSE como vitrina sin datos.
¿Qué diferencia hay entre RSE y ESG?
La RSE es un compromiso voluntario de la empresa con la sociedad, con raíz ética y filantrópica. ESG es el conjunto de factores ambientales, sociales y de gobernanza que los inversionistas usan para analizar riesgos y oportunidades; el término nació en el informe Who Cares Wins del Pacto Global de la ONU en 2004. La RSE mira la contribución; ESG mira el riesgo y el valor.
¿Una pyme costarricense debe preocuparse por esto?
La obligación directa de reportar bajo NIIF S1 y S2 recae sobre las entidades supervisadas por el CONASSIF y los grandes contribuyentes, con primer informe en 2028 sobre datos de 2027. Pero las pymes que son proveedoras de esas empresas empezarán a recibir solicitudes de información en la cadena de valor, así que conviene ordenar datos básicos desde ahora.
¿Por dónde empieza una empresa que ya tiene programas de RSE?
Por un inventario de lo que ya hace, un análisis de qué temas son materiales para el negocio y sus grupos de interés, y la definición de indicadores de efecto con línea base. El enfoque de Huella Social Empresarial de Innoval convierte ese recorrido en un sistema de medición.
Innoval convierte programas sociales en huella medida: indicadores, líneas base y evidencia lista para clientes, bancos y reguladores. Sin botar lo que su equipo ya construyó.